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Diana Osuna | 2023-03-15

Humanizando lo invisible

Multitud de estudios entre uno de ellos, el liderado por John Arthur, investigador de la Universidad de Arkansas para las Ciencias Médicas, empiezan a hablar del covid persistente como un tipo de enfermedad autoinmune, otros incluso empiezan a catalogar esta enfermedad como un tipo de discapacidad orgánica por los múltiples casos de personas que dejan de trabajar y hacer sus actividades sociales por el deterioro funcional en distintos órganos del cuerpo y la prolongación de síntomas que afectan el día a día hasta disminuir o perder el rendimiento de sus capacidades y habilidades.

Según la Organización Mundial de la Salud, el covid persistente se define como el conjunto de síntomas y signos que persistente por un tiempo prolongando en las personas que se han contagiado del covid -19. Estos síntomas pueden persistir desde la enfermedad inicial o presentarse después de la recuperación. Pueden aparecer y desaparecer, o reaparecer con a lo largo del tiempo. OMS.

En un estudio realizado en el Hospital Clínic de Barcelona, se han identificado más de 230 síntomas que varia según el caso y la condición de la persona. Actualmente un 30% de la población que ha sufrido esta enfermedad sufre de síntomas persistente, predominando primeramente en mujeres entre los 40 – 60 años, una enfermedad que afecta a 7,5 millones de personas en el mundo, una enfermedad sin cura y sin tratamiento hasta el sol de hoy.

Hoy 15 de marzo del 2023, hace exactamente 3 años que me contagie de covid-19, y desde entonces la sensación de que la vida se me escapa de las manos sigue presente. En ese entonces me encontraba en Barcelona estudiando en MBA en dirección y gestión deportiva, fui deportistas de alto rendimiento y soy apasionada por mi profesión, la fisioterapia y la gestión deportiva. Promover la salud y el deporte ha sido mi vida desde que tenia 10 años, no conozco una vida inactiva.

El 14 de marzo declararon estado de alarma en España, al día siguiente caí enferma y no pude regresar a mi país de origen, Panamá.

Pase la enfermedad y la pandemia sola en casa, no tuve atención médica pues no era un perfil de alto riesgo y a ciencia cierta parecía que lo que tenia no era covid, pues no tenia los síntomas que en ese momentos eran los de alerta. Durante este tiempo el cansancio era algo horroroso, pero en ese momento para mi no había opción, estaba sola sin opciones de cuidado y tenia que hacer lo que estuviese en mis manos para sobrevivir. Durante estos 3 meses, sacaba fuerzas de donde no tenia para cocinarme y atenderme en lo básico. Semanas más tarde que me “sentía con mejor semblante”, empecé a realizar ejercicios isométricos y terapéuticos en la cama, me sentía con muy poca fuerza, practicaba yoga restaurativo y pranayamas (ejercicios de respiración procedentes de la practica del yoga) para mejorar mi respiración, hacia Pilates para los dolores de espalda y evitar las limitaciones articulares y la perdida de fuerza muscular, usaba la meditación para calmar mi estado de ansiedad, reactividad e incertidumbre, usaba la musicoterapia y aromaterapia para inducirme al sueño, pues tuve muchos problemas para dormir por los constantes ataques de pánico a morir ahogada, empecé a escribir un libro como una forma terapéutica de desahogar las emociones, pensamiento y sensaciones que estaba experimentando, no tenia mucha fuerza para hablar por teléfono pues me ahogaba mucho, y con el cambio de horario mi familia y amigos en otro continente se dificultaba la comunicación, me resistía a trasnochar y cambiar mi horario pues sabia que eso era lo peor en lo que podía caer para terminar de desregularizar mi sueño, así que opte por escribir en mi diario y usarlo como mi confidente, contándole mis vivencias diarias, mis síntomas mis padecimientos y mi dolor. Solo tenia fuerza para hacer una llamada cada semana y era con mi psicóloga, una persona clave que me ha ayudado a mantener la claridad mental. Fueron 3 meses muy intensos de relación conmigo misma, tres meses en donde sin darme cuenta tuve que poner en practica todo lo que había estudiado para ayudar a mis pacientes, y aplicarlo en mi. Esto fue lo que inconscientemente me salvo la vida. Sabia y tenias las herramientas para sobrellevar esa situación lo más sanamente posible y sabia como hacerlo aunque mi psiquis no estaba en su completo estado de claridad. Un prueba de resiliencia, autocuidado y amor propio que nuca olvidare.

Al cuarto mes me llamaron del hospital para poder asistir y revisarme, evidentemente me confirmaron que había pasado el covid. Por un lado me sentía tranquila porque ya había desarrollado anticuerpos y me sentía “inmune a la enfermedad” pero lo que nunca pensé fue que estos anticuerpos se quedaría en mi cuerpo para seguir atacando y atacando algo que quizás ya no estaba en mi. En este momento empezó todo a cambiar, mi cuerpo no solo estaba lidiando con el virus del covid, estaba lidiando con infecciones respiratorias, taquicardias, obstrucciones respiratorias, infecciones urinarias, parásitos en los intestinos, bacterias en el estomago, problemas de digestión, perdida inexplicable de peso y pelo, no absorbía los nutrientes de los alimentos bien, todo lo botaba, neuralgias, la debilidad era horrible, problemas de sueño, ataques de depresión, ansiedad, síndrome post traumático, alucinaciones y la cereza del pastel, herpes en el ojo e infecciones que me afectaron la visión por meses que me incapacitaron para trabajar; si yo no hubiera hecho todo lo que hice durante esos meses para contrarrestar la enfermedad y todo lo que trajo consigo y sin la posibilidad de tratamiento médico, probablemente los efectos colaterales hubieran ido a peor y mi cuerpo no hubiese resistido tanto. De ahí en adelante, pasaba de la semana 4 días en el hospital.

Esta situación no vino sola, en medio de todo esto aparte de pasar por el proceso sola en un país donde apenas conocía gente, estaba terminando mi MBA, empezando un nuevo trabajo en una empresa deportiva (nunca trabaje en empresa, hasta ese entonces siempre fui mi propia jefa) que implico mudarme de país y todo el proceso migratorio que esto involucra, al mismo tiempo estaba haciendo el traspasando de mi negocio en Panamá, un centro de bienestar integral por el cual había trabajado toda la vida para tenerlo. Tenia tantos duelos encima que poco tiempo tuve en pensar realmente en lo mal que la estaba pasando a nivel de salud, solo tenia cabeza para dentro de lo que podía, hacer lo que fuera necesario para sobrellevar todo dentro de los que me permitía mis posibilidades.

Disfruto cuidarme y llevar un estilo de vida saludable, tengo la cualidad de ser una persona muy optimista y alegre, y a veces aparentemente no se me nota cuando la estoy pasando mal, la gente me conoce fuerte, sonriente, cercana, amable y siempre firme en mi camino, y cuando me escuchaban o veían de otra manera, en una faceta más vulnerable y no ayudando a los demás como siempre lo hice, me hizo ver una presión “social” me hacía sentirme exigida y juzgada por no ser lo que ellos conocían o esperaban de mi, recuerdo que muchos me decían que a lo mejor me estaba “inventando todo esto por el estrés del cambio” que la enfermedad no era real. Comentarios como “De que te sirve cuidarte tanto si vives enferma” “Tu que eras tan deportista y ahora te cuesta hasta respirar” “tienes que salir de tu negatividad, por eso te enfermas tanto, tienes que hacer mas cosas, trabajar, salir a beber para que se te pase” puedo citar tantos comentarios que su trasfondo me hacia sentir peor, y por un buen tiempo decidí simplemente alejarme y me aislé socialmente, porque ni siquiera yo podía integrar todo lo que en mi vida estaba pasando, y ya de por si la enfermedad tiene esta característica de hacerte sentir que NO ERES TU, me sentía destrozada, llena de angustia y dolor, la incertidumbre de no saber que es lo que me estaba pasando y me estaba volviendo loca y aborde del colapso.

Hoy 3 años después sigo con los síntomas, sigo de especialista en especialista, en terapia neurocognitiva, terapia psicológica, terapia física y mi propia terapia de vida para aceptar que tengo esta enfermedad, que no hay cura, que se sabe muy poco de su diagnostico y por ende su pronostico.

Ya son tres “brotes”, y a diario lidio con el cansancio, con el dolor muscular, la perdida de memoria, la confusión y cansancio mental, los ataques respiratorios, la cefalea y visión borrosa, esta enfermedad ha sido como la prueba de vida por la cual mi profesión me preparo para superar, y así seguiré, seguiré adelante cumpliendo sueños hasta que la vida y la salud me lo permita, seguiré mi camino aceptando que mi cuerpo es maravilloso, que tiene unas capacidades únicas de recuperación, adaptación y resistencia, confiare en mi lado saludable, ese lado que sabe sobrevivir y como VIVIR.

Sí, no soy la misma que antes, y nunca lo volveré a ser, ahora soy mas fuerte, mas consciente, mas humana, mas vulnerable, hacerme cargo de mi misma es la tarea de por vida más maravillosa y hermosa, cuidarme y quererme de todas las maneras y estados, un día con ganas de comerme el mundo y al siguiente con las ganas de no hacer nada más que ESTAR, aceptaré mis cambios de estado, me permitiré el llanto, la queja, la duda. Pero sobre todas las cosas cada día vivo agradecida, agradecida conmigo mismo de haberme salvado la vida, agradecida a mi sed enorme de vivir y compartir, agradecida por todo lo que esta enfermedad me ha enseñado de mi misma y del mi alrededor, agradecida por todas esas personas nuevas que están en mi camino, y agradecida también por las que ya no esta.

Yo se que el mundo poco quiere saber del tema covid, por todo las perdidas de vidas, trabajos y mas que esto trajo al mundo, pero de mi parte te pido empatía y respeto, porque aun hay más de 7.5 millones de personas que aun sufrimos las conciencias de este virus, personas que cada día pierden sus trabajos, sus vidas sociales y personales a causa de los efectos de esta enfermedad, personas que no hayamos amparo ni legal ni medico para nuestra condición, personas que como tu seguimos siendo seres humanos, y que hoy en día nos sentimos excluidos por una sociedad que no quieren que ni hablemos del tema covid.

Diana Osuna

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